viernes, 18 de enero de 2013

EL PRIMER GOBIERNO DE JOAQUIN BALAGUER



El 30 de mayo de 1961 el sanguinario autócrata fue acribillado a balazos en una emboscada tendida por francotiradores a su vehículo cuando circulaba por la capital, Ciudad Trujillo (que pronto recobraría su nombre de siempre, Santo Domingo). En las horas de confusión posteriores al magnicidio se produjo un intento de golpe de Estado protagonizado por el secretario de las Fuerzas Armadas, general José René Román Fernández, acción que puso en evidencia la existencia de una conjura de la que formaban parte elementos militares y civiles, y que contaría con el más que probable parabién, si no la instigación, de la CIA estadounidense.

Balaguer, que leyó el elogio fúnebre del dictador ("Trujillo fue fundamentalmente bueno; bajo su pecho de acero latía un corazón inmensamente magnánimo"), sorteó de momento estas convulsiones: el 1 de junio Ramfis Trujillo Martínez, hijo y continuador de la saga política del finado, que regresó apresuradamente de París para llenar el vacío de poder y asumir la jefatura del Ejército Nacional, le confirmó en la Presidencia mientras él se lanzaba a una despiadada represión de opositores. Meses después, el clan Trujillo perdió definitivamente la confianza de Estados Unidos y el Departamento de Estado encontró en Balaguer al político apropiado para pilotar la era postrujillista y asegurar el mantenimiento de la República Dominicana en su esfera de intereses.

Las marchas al exilio de Ramfis el 18 de noviembre y de sus tíos Héctor Bienvenido y José Arismendy dos días después, no sin antes intentar un golpe contra Balaguer, no impidieron el desarrollo, entre el 28 de noviembre y el 8 de diciembre, de una huelga general convocada por la Unión Cívica Nacional (UCN), nuevo partido de talante conservador pero antitrujillista acérrimo y ahora antibalaguerista, liderado por el doctor Viriato Alberto Fiallo Rodríguez, y por otras organizaciones, en exigencia de elecciones competitivas.

Mantenido en el poder sólo por la protección, militar incluso, de Estados Unidos, Balaguer, que se había apresurado a desmarcarse del trujillismo y a sumarse a la execración universal del sátrapa caribeño, pero que no mostraba voluntad alguna de dirigir un proceso de transición democrática, hubo de plegarse a la iniciativa del presidente John Kennedy de establecer un Consejo de Estado, desde el 1 de enero de 1962 y bajo su presidencia, con la misión principal de organizar unas elecciones plurales y libres.

La oposición redobló sus movilizaciones exigiendo la renuncia de Balaguer y los miembros del Consejo de Estado, temerosos de la agitación en las calles, hicieron suya esta demanda. Balaguer se resistió y, según parece, el 16 de enero ordenó al secretario de las Fuerzas Armadas, general Pedro Ramón Rodríguez Echevarría, la comisión de un autogolpe y la formación de un Consejo Cívico Militar en sustitución del Consejo de Estado y cuya jefatura le fue encomendada al licenciado Huberto Carlos Bogaert Román, un veterano de los gobiernos trujillistas.

La maniobra autoritaria de Balaguer se derrumbó a las 48 horas: el día 18, el coronel Elías Wessin y Wessin y el mayor Rafael Fernández Domínguez perpetraron un contragolpe, disolvieron la junta de Bogaert, repusieron el Consejo de Estado y nombraron presidente a Rafael Filiberto Bonnelly Fondeur, que hasta entonces ostentaba el cargo de vicepresidente. A Balaguer no le pudo sostener esta vez Estados Unidos y con apuros pidió asilo político en la nunciatura apostólica, sita justamente al lado de su residencia en la capital; desde este refugio seguro negoció con las nuevas autoridades su marcha del país, lo cual tuvo lugar el 7 de marzo, tomando un avión con destino a Nueva York.



Transcurría el verano de 1961. El país estaba en efervescencia, tras haber sido liquidado el dictador Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo anterior el grueso de la población aguardaba expectante algún tipo de definición, convencida de que el statu quo no se prolongaría por mucho tiempo. Entre  tanto,  elrepresentante de los  grupos hegemónicos en retirada, Joaquín Balaguer, maniobraba desesperadamente, en una contradictoria alianza con el general Rafael Trujillo hijo (Ramfis), jefe de las fuerzas armadas y de quien algunosesperaban que heredara al sátrapa ajusticiado.


Estas circunstancias me permitieron contemplar en varias ocasiones a una figura protagónica de lo que se llamó remanentes del régimen trujillista, aquellos sectores que se aferraban a la continuidad del oprobiosos estado de cosas vigente desde el 16 de mayo de 1930.
Esta figura era José  Antonio Jiménez (Balá), cabeza del grupo paramilitar “Los Paleros”, una fuerza de choque criminal y vandálica que arremetía contra cualquier manifestación individual o colectivaque se diera contra los remanentes del  régimen tiránico.
Balá, al centro con sombrero.Ahora, a la distancia de cinco décadas,recuerdo con más claridadla figura de Balá.
Él acostumbraba estacionar su colorida camioneta ¿Chevrolet?, cubierta de adornos y brillantes accesorios niquelados,al lado de la  acera del parque Enriquillo, pegado a la Caracas, frente a la ferretería Villa.
Sentaba  su voluminosa anatomía en un banco del parque, rodeado de sus agüizotes y se paseaba desafiante de un lado a otro, vociferando amenazas para que lo oyera la  mayor cantidad de personas posible.
Ese es el  Balá  que recuerdo, yo lo que percibía era como un tumulto, mientras mi atención se centrabamás en el parque, las atracciones de la avenida comercial, los paquitos nuevos. Las acciones criminalesde Balá,su juicio y final condena de cárcel en 1963; su escape de la prisión en 1966 y su muerte violenta en 1968 a manos de su propio hijo, son noticias que quedaron plasmadas por la prensa de la  época.
El historiador Alejandro Paulino Ramos, citado por  Ángela Pena en el diario Hoy del 28 de enero  de 2012, dice refiriéndose a Balá: “El funesto personaje atacó a  manifestantes de los primeros mítines por la democracia, entre ellos el muy concurrido del PRD realizado en el parque “Colón”.
“Balá y sus paleros arrastraban sin compasión a los heridos. Su lugarteniente era Virgilio Martínez, mejor conocido como “Quinielita”, y además se encontraban otros como Pedro Vásquez, Eduardo Pérez Miniño, Domingo Figueroa, Pascasio García, Rafael Antonio Félix Báez, Agustín Berroa, Rafael Arias Richardson y Fernando A. Jiménez Herrera”.
Todavía se discute si los paleros fueron un cuerpo organizado a escala nacional, con una dirección central. Es lo que parece, pues sus acciones lucían coordinadas,  en armonía con la Policía y el aparato judicial. Se le acusó de incendiar Radio Caribe y atribuirlo a miembros del Movimiento Popular Dominicano, entre los cuales resultaron muertos y heridos cuando el pandillero asaltó su local en la avenida Duarte;  participaron junto a la  Policía  en la  “masacre de la calle  Espaillat” el  20 de octubre de 1961, con saldo indeterminado de muertos y heridos.
En el interior del  país, según relata, por ejemplo,Fernando Ferreira Azconaen la página digital Mao en el Corazón: “…en Sosúa, al finalizar este mitin, fueron vilmente asesinados los jóvenes Pedro Clisante y el Dr. Alejo Martínez, quienes regresaban a sus hogares después de participar en esta manifestación multitudinaria contra los remanentes del despótico régimen.En Santiago, esa misma tarde fue asesinado un joven de apellido Jiménez (mis disculpas por no recordar su nombre completo), cuyo velatorio fue ametrallado en horas de la noche, muriendo en este cobarde acto otro valioso joven, Erasmo Bermúdez”.
Y agrega: “Cuando íbamos llegando a casa, nos agredieron a palos, pedradas, trompadas, etc. y penetraron a la sala de nuestro hogar, golpearon a mamá y a Norman y rompieron algunos muebles de esta área. Toda la acción estuvo acompañada de insultos y vocinglería. Nos gritaban “malditos comunistas”, “mal agradecidos” y otros improperios impublicables”. Y concluye: “Así, con el ataque a nuestra familia y la violación de nuestro hogar, se inició la tristemente célebre etapa de los paleros en Mao”.
Las acciones de paleros, inspirados por Balá aunque no fueran dirigidos directamente por él, se reportaron en casi todo el país: Santiago, San Francisco de Macorís, Puerto Plata,  Barahona,  La Romana, San Pedro, Moca, La  Vega.