viernes, 22 de noviembre de 2013

LA GUERRA DE LA RESTAURACIÓN 1863-1865



La incapacidad del régimen español:

España no cumplió los principales
acuerdos que había asumido, en parte
porque no tenía capacidad, sobre
todo porque como potencia mundial
en declive buscó sacar beneficios
inmediatos de la Anexión.
Para aumentar sus ingresos, el
Gobierno español elevó los impuestos
al consumo. Para el año 1862, había
duplicado el ingreso del año 1860.
Pero no usó ese dinero para hacer las
obras que prometió, sino para subirle
el salario a un grupo privilegiado
de dominicanos y, sobre todo, a
muchísimos españoles que llegaron a
vivir al país.
Para el año 1863, España no había
comenzado la construcción de las
carreteras ni otras obras prometidas, ni
había hecho el canje de la moneda.
La economía entró en un mayor
caos, pues mientras el Gobierno le
quitaba dinero a la gente, sobre todo
a los campesinos y a la pequeña
burguesía, no invertía para elevar la
producción, sino los sueldos de un
grupo de funcionarios privilegiados.
Los campesinos no tuvieron estímulos
para producir, pues los impuestos los
asfixiaban y, por lo tanto, decidieron
vender menos en el mercado y
autoconsumir más.
Como no se hizo el cambio monetario,
un grupo de falsificadores emitió
moneda falsa y llenó la economía de
dinero. Entonces, muchos funcionarios
españoles se enriquecieron comprando
moneda nacional a un valor inferior al
legal para luego canjearlas por peso
fuerte español a la tasa de cambio
oficial.
Por ejemplo, con un peso fuerte
compraban 500 pesos nacionales, que
era una tasa ilegal, y luego cambiaban
los 500 pesos nacionales por 2 pesos
fuertes, a la tasa legal de 250 por 1.
Con ese simple cambio duplicaban los
pesos fuertes.
El desorden se hizo mayor e impactó
fuertemente en el ánimo de la mayoría
de la población, cuyo nivel de vida se
estaba deteriorando. Incluso gran parte
de la clase dominante entró en conflicto
con el Gobierno español, pues sus
ilusiones de poder político y económico
se esfumaron rápidamente.



La clase dominante dominicana
contra la burocracia española:


En el funcionamiento del Estado se generaron importantes contradicciones
entres los españoles y los dominicanos. Los primeros se recetaron sueldos muy
superiores y los mejores puestos, pues consideraban a los dominicanos como
inferiores, por ser criollos, mulatos y negros. Los militares dominicanos fueron
apartados y puestos en retiro y los que quedaron activos estaban en cuerpos
inferiores.
Lo que se estaba dando era un
proceso de subordinación del
agrupamiento nacional a una minoría
española que se constituía en la clase
dominante local.
Se multiplicaron los conflictos
políticos y económicos entre
fracciones de la clase dominante, lo
que tuvo repercusiones importantes,
sobre todo en el descontento popular,
dada la importancia del aparato
estatal.


La agudización de los conflictos
llevó a Pedro Santana a renunciar
como capitán general. Los
españoles no estaban dispuestos
a permitir la continuidad del
santanismo y para paliar la situación
incorporaron a baecistas en su
proyecto de dominación.
Por otra parte, el manejo de los
impuestos por parte de España
perjudicó a la burguesía exportadora
e importadora y benefició a los
comerciantes españoles.
España les aumentó los aranceles
(impuestos) a las mercancías
provenientes de otros países, como
Estados Unidos, Inglaterra, Francia,
etc., las cuales eran compradas por
los burgueses comerciales, quienes
se vieron en dificultad para seguir
importando. Pero al mismo tiempo, les
quitó los impuestos a las mercancías
españolas, las cuales eran introducidas a
Dominicana por comerciantes españoles.
Como resultado de esa política, la
burguesía importadora nacional se
vio amenazada como clase, pues
el nuevo ordenamiento comercial
favorecía al grupo español.
El Gobierno español, para elevar
sus ingresos, también le puso
impuestos a los productos
vendidos por los comerciantes
dominicanos en el exterior, lo
que provocó una baja de dichas
exportaciones.



La opresión nacional:


La dominación española también se expresó en la supresión de derechos y de
algunas tradiciones sociales. España no cumplió con el compromiso de reconocer
los actos de los anteriores gobiernos.
La población dominicana fue reprimida en sus creencias y costumbres. Algunos
ejemplos fueron la prohibición de la libertad religiosa y de la práctica del
amancebamiento en las relaciones entre los sexos, o sea, de vivir como pareja sin
estar casados.
La discriminación incluyó
al propio clero. Los curas
españoles desplazaron a los
dominicanos o a los extranjeros
dominicanizados, bajo el
pretexto de que hacían prácticas
irreligiosas, como el vivir con
mujeres, o de que no actuaban
para lograr la hispanización
forzada del país.
Las contradicciones que generó
la ocupación española la hicieron
entrar en conflicto con casi todas
las clases del país.



Para la clase dominante local, las contradicciones con el dominio español fueron
muchas. Primero fue el desplazamiento político, después de haber vivido casi 20
años una experiencia de autonomía en el ejercicio del poder. Luego fue el daño que
sufría su base económica, sobre todo por los impuestos al comercio.
Por su parte, los campesinos, que eran el 90% de la población, tuvieron que pagar
más impuestos y muchos fueron obligados a transportar con sus animales bienes
de los españoles o a trabajar en obras del gobierno. La existencia del campesinado
dependía de las relaciones mercantiles simples en que vivía, las cuales eran
afectadas por las medidas del Gobierno.
La pequeña burguesía también fue afectada por los impuestos y por el hecho de
que su existencia dependía de la burguesía comercial afectada y del campesinado,
especialmente en el caso de la pequeña burguesía comercial. Esta clase tenía una
tradición de liberalismo y nacionalismo que reñía con la dominación española.
A todo lo anterior hay que
agregarle la inconformidad de
los sectores militares, del clero y
del pueblo en general, que eran
discriminados por las acciones
de los españoles.
El cúmulo de las contradicciones
de clases a consecuencia de
la política de los dominadores
españoles hizo crisis y dio lugar
a una guerra por la restauración
de la independencia.



Desarrollo y etapas de la restauración:




En el Cibao fue donde primero maduraron las
condiciones para la lucha contra el dominio español,
pues era allí donde las relaciones mercantiles,
amenazadas por las medidas del Gobierno, habían
logrado mayor desarrollo.
Si antes no se había dado un levantamiento en el
Cibao fue por el terror en que vivía la población,
sobre todo tras las victorias obtenidas por Santana
y los españoles cuando asesinaron a Sánchez y a
sus compañeros capturados en julio de 1961, quien
ingresó por Haití para luchar contra la anexión, y
cuando sofocaron la rebelión de Moca dirigida por
José Contreras.
En febrero de 1863, en el Cibao se dio una insurrección
armada contra el poder español, la cual fue derrotada,
sobre todo porque todavía había importantes sectores
sociales neutralizados por el anexionismo y muchos
empleados del Gobierno aún defendían la anexión.
Las tropas españolas y la reserva criolla que la
apoyaba lograron desbandar a los insurrectos en la
Línea Noroeste tras enfrentamientos continuos durante
la noche. Uno de los patriotas asesinados fue el poeta
Eugenio Perdomo.
La respuesta de España fue la imposición del terror
como arma para prevenir nuevos intentos de rebelión.
Sin embargo, los nacionalistas se reorganizaron, sobre
todo en la propia Línea Noroeste, que por ser fronteriza
con Haití proveía una zona de retaguardia importante.
Los españoles enviaron tropas a esa zona, pero no
pudieron dominar la situación. Incluso, antes de que
se generalizara la lucha, José Cabrera encabezó una
pequeña guerrilla en la frontera norte.



Los nacionalistas de Santiago, en
coordinación con los exiliados en
Haití, acordaron generalizar las
acciones el día 16 de agosto de
1863. Un destacamento de patriotas
dirigido por Santiago Rodríguez cruzó
la frontera haitiana y se unió a la
guerrilla de Cabrera. Poco después
se produjeron diversos alzamientos
y la Línea Noroeste fue escenario
de violentos enfrentamientos y del
avance de las fuerzas nacionalistas.
Las tropas españolas sufrieron
importantes derrotas. En Guayubín,
fueron divididas en dos cuerpos, uno
de los cuales fue aniquilado y otro
se refugió en Haití. Para mediados
de septiembre, los patriotas tenían
control de la ciudad de Santiago y
pocos días después controlaban todo
el Cibao.
Durante la toma de Santiago se
libraron intensos combates. En medio
de la lucha, la ciudad fue incendiada.
Los españoles recibieron refuerzo de
Puerto Plata, pero fueron derrotados.
A diferencia de lo ocurrido en febrero,
esta vez las masas populares y parte
de los empleados del Gobierno, sobre
todo los militares, se incorporaron a la
rebelión. El general Gaspar Polanco,
quien en febrero apoyaba las tropas
españolas, se colocó del lado de las
fuerzas patrióticas y pasó a ser su
principal jefe militar.
Al controlar la ciudad de Santiago,
los patriotas nombraron un gobierno
presidido por el general José Antonio
Salcedo, del ala conservadora
del movimiento. Los grupos más
radicalizados tuvieron una amplia
participación en el Gobierno y
libraron una fuerte lucha contra los
conservadores.
El Gobierno de
Santiago envió agentes
hacia el sur para
provocar la rebelión
en esa zona del país,
lo que se logró en
pocos días. Santana, al
servicio del Gobierno
español, se dirigió con
una columna hacia
Santiago para aplastar
la revuelta, pero fue
derrotado en Monte
Plata por una tropa de
mil hombres dirigida
por Gregorio Luperón.



A finales del año 1863, la mayor parte
del territorio nacional era controlada
por las fuerzas restauradoras.
Los españoles dominaban Puerto
Plata (que fue incendiada), Santo
Domingo y la región del Este,
donde había guerrillas apoyadas
por el Cibao.
Las tropas españolas resistieron
y lograron estabilizar la guerra
en el año 1864, sobre todo por
el éxito que tuvo su ofensiva en
el sur. Desde Monte Cristi, las
tropas españolas se plantearon
avanzar hacia Santiago bajo la
dirección del general La Gándara,
pero no lograron derrotar a las
tropas nacionalistas, pues estas
desarrollaron una guerra de
guerrillas que evitó el choque
frontal y desgastó a los españoles.
En el movimiento nacionalista se
registró un avance de los sectores
más conservadores, quienes liderados
por el presidente Salcedo y bajo la
influencia de Buenaventura Báez,
tendían a buscar una salida negociada
con España.
Ante esa situación, la mayoría de los
mandos militares desconocieron a
Salcedo y nombraron a Gaspar Polanco
presidente. Durante el gobierno de
Polanco se afianzó la línea nacionalista
y se planteó la fundación del Partido
Nacional, que recogía el legado de los
trinitarios.
Pero el gobierno de Polanco se fue
debilitando, ante el empuje del grupo
moderado del movimiento, lo que
provocó su derrocamiento en enero
de 1865 y el nombramiento de Pedro
Antonio Pimentel al frente del Gobierno.
La guerra terminó en julio de 1865
con el triunfo del pueblo dominicano.
El ejército español no pudo mantener
la guerra, que se hizo muy costosa.
El general La Gándara negoció el fin
del conflicto y el retiro de las tropas
españolas.
La guerra fue la combinación de una
lucha nacional contra los españoles y
una rebelión de las masas campesinas
dirigida por sectores medios.



Contenido social y consecuencias de la guerra:


Los principales protagonistas de la
guerra fueron las masas campesinas
y los sectores radicalizados de la
pequeña burguesía comercial, que
dirigió el movimiento y logró un
importante ascenso social.
Aunque el movimiento no se propuso
cambios sociales, planteó la necesidad
de promover un Estado nacional que
posibilitara el desarrollo económico.
Sin embargo, como la clase dominante
era muy débil y no podía empujar un
Estado burgués, se mantuvieron las
fuerzas conservadoras, sobre todo las
campesinas, reacias a un cambio, pero
sin ninguna posibilidad de imponer un
proyecto.
Al mantenerse el mismo esquema
económico precapitalista, la clase
dominante no encontraba una salida
que le diera el poder político y
ayudara a superar la crisis económica
acrecentada por la guerra. A ello se
debió que al poco tiempo de la guerra
aparecieran grupos conservadores,
sobre todo militares, alrededor de Báez,
quienes se hicieron dominantes y se
inclinaban por la anexión a Estados
Unidos.
La pequeña burguesía comercial logró
un mayor protagonismo tras el fin de
la guerra, al tiempo que los hateros
acentuaban su declive. El propio
Gregorio Luperón montó una casa
comercial en Puerto Plata y llegó a ser
un poderoso comerciante.