viernes, 22 de noviembre de 2013

LA SEGUNDA REPÚBLICA 1865-1916




La guerra restauradora fue el acontecimiento histórico más importante en
la creación de la conciencia nacional. Fue la verdadera declaración de la
independencia para reponer la situación política y económica anterior a la anexión.
El grupo pequeño burgués en proceso de aburguesamiento tenía conciencia de
que el nacionalismo era una opción de clase. Ese grupo se planteó la necesidad
de crear el Partido Nacional. Aunque dicho partido fue constituido formalmente
15 años después por Gregorio Luperón, para los años inmediatamente después
de la Restauración. A los representantes de esa corriente política se les llamaba
“azules”.


Al final de la guerra restauradora la economía del país estaba muy dañada, sobre
todo la producción ganadera. Cinco años después la producción de tabaco no
aumentaba y la producción de madera bajaba. Las exportaciones eran bajas y
menores a las importaciones, las cuales crecieron entre 1869 y 1871, porque
entraron fondos de un préstamo de 180 mil pesos fuertes y de la concesión de la
península de Samaná a una compañía de Estados Unidos por 150 mil dólares.
El daño a la ganadería afectaba el transporte de los productos de exportación
hacia los puertos. Además, los productos de exportación tuvieron bajos precios.


El estancamiento del comercio
exportador e importador se reflejó
en un bajo ingreso del Gobierno,
que dependía de los impuestos de
aduana y que entre 1866 y 1875
destinó el 80% de sus recursos a
mantener el ejército y las unidades
policiales. El Gobierno se mantenía de
la emisión de dinero sin respaldo en
la producción, al menos hasta el año
1875.
A la crisis económica se la añadía un
vacío de poder, que era el resultado
del declive del poder de Santana
(muerto en 1864), del surgimiento de
nuevos liderazgos militares en disputa
por el poder y de la rivalidad entre los
grupos económicos de Santiago y del
sur, estos últimos debilitados por la
crisis de la ganadería y de la producción
de madera.
El centro de la economía estaba
en el Cibao, que había sido
cuna de la guerra restauradora.
Por ello, al finalizar la guerra
los restauradores del Cibao
pretendieron mantener el
Gobierno en Santiago, bajo la
dirección de Pimentel.
Pero en agosto de 1865, José
María Cabral encabezó un
movimiento que derrocó a
Pimentel y le devolvió a Santo
Domingo el rango de capital de la
República. Cabral había sido jefe
de la guerra en el sur después de
la muerte de Pedro Florentino,
de manera que representaba en
el movimiento restaurador los
intereses de la pequeña burguesía
Pedro Antonio Pimentel José María Cabral sureña.


Cabral, que antes de 1861 había sido uno de los jefes del movimento
de Báez, se unió a seguidores de este, quienes coparon el gobierno.
A los pocos meses se levantó en armas Pedro Guillermo, quien se
colocó con tropas en la parte oriental de la ciudad de Santo Domingo
y exigió el retorno de Báez a la presidencia. Cabral no se opuso al
levantamiento de Guillermo y viajó a la isla de Curazao para buscar a
Báez y entregarle la presidencia.


En el ascenso de Báez influyó la división en el seno de los azules, que era un grupo
poco coherente y liderado por varios militares, como Luperón, Pimentel y el mismo
Cabral.
Ya en el poder, Báez atrajo a restauradores, apartó a sus rivales y les dio cargos
a sus incondicionales. Con Báez brotaron de nuevo las tendencias anexionistas y
el caudillismo represivo. Sin embargo, al querer asumir poderes dictatoriales, fue
enfrentado por generales que estaban bajo la influencia de Pimentel, Luperón y
otros líderes de la Restauración.
Báez fue derrocado y Cabral pasó a controlar otra vez el Gobierno. El segundo
gobierno de Cabral fue débil e incoherente, sobre todo por la oposición de
Pimentel, quien representaba los intereses del grupo del Cibao. Además, Luperón
se opuso a la política conservadora de Cabral, quien intentó arrendarle la península
y la bahía de Samaná a Estados Unidos.
El gobierno de Cabral también se debilitó porque muchos militares se pasaron al
bando de Báez y porque fue rechazado por el campesinado, que se veía afectado
por una política que favorecía exclusivamente a los grupos poderosos. A principios
de 1868, el gobierno de Cabral fue derrocado y Báez tomó el poder por cuarta vez.



El gobierno de los Seis Años de Báez (1868-1873):


Báez impuso un régimen represivo con
el fin de liquidar la fuerza política de los
azules e imponer el punto central de su
programa de gobierno: la anexión del
país a Estados Unidos.
La represión se desató principalmente
en las comunidades urbanas y rurales
del sur del país, donde era mayor la
oposición de los azules, así como en
los sectores de la pequeña burguesía
acomodada. Para el año 1871, cientos
de personas habían sido asesinadas y
más de 700 habían sido expulsadas del
país, buena parte de ellas intelectuales.
Las cárceles estaban llenas de
personas.
El gobierno de Báez tuvo base de
apoyo en la mayoría de la clase
dominante; en los sectores medios
que encontraban en el empleo público
un medio para ascender socialmente,
en la mayor parte del
campesinado y en una
parte importante de los
militares, a mil de los cuales
había hecho generales.
También logró el apoyo en la
población urbana pobre, que
veía en la anexión a Estados
Unidos una posible salida a
sus graves problemas.
El mayor rechazo lo tuvo en
la pequeña burguesía, cuyos
verdaderos intereses de
clase estaban con los azules,
enemigos del baecismo.



A los pocos meses de instalado
el gobierno de los seis años, en el
extremo suroeste del país se organizó
una resistencia guerrillera de más de mil
hombres que controlaron buena parte
del territorio y resistieron durante dos
años. La dirigía Cabral, quien estableció
una especie de gobierno en San Juan.
En el este del país se organizó otra
resistencia, durante un año, dirigida por
los generales Marcos Adón y Eusebio
Manzuela. A su vez, Gregorio Luperón
y Pedro Pimentel dirigieron guerrillas en
el Cibao. A bordo del vapor Telégrafo,
Luperón desembarcó 100 hombres
en la costa norte y fue enfrentado por
vapores de guerra de Estados Unidos
que apoyaron a Báez.
Con el respaldo de la mayoría de la
clase dominante, Báez intentó anexar
el país a Estados Unidos, a cambio
de poco más de un millón de dólares,
dinero que usaría para comprar armas y pagar la deuda externa. El proyecto
anexionista fracasó por contradicciones
en el Gobierno de Estados Unidos.
Entonces, Báez le entregó la
península de Samaná a una compañía
norteamericana llamada Samaná Bay
Company.
Cuando a Báez se le cerraron las
fuentes de financiamiento externo,
recurrió a la emisión de dinero, lo que
provocó un mayor caos monetario y
más miseria. Entonces la dictadura
entró en crisis. Algunos jefes militares
y políticos se pasaron a la oposición y
Báez fue derrocado a finales de 1873.
Asumió la presidencia Ignacio María
González. El nuevo gobierno recuperó
la península de Samaná.


La inestabilidad política de 1874-1879:


En los cinco años que
transcurrieron entre
1874 y 1879, en el país
hubo trece gobiernos.
La inestabilidad era tan
grande, que Ignacio
María González llegó a
gobernar cuatro veces
en esos años. Incluso,
en diciembre de 1876
se sucedieron tres
gobiernos.
Cesáreo Guillermo
Cuadro No. 2
Cronología de gobiernos de 1873 a 1880
 Fechas Gobiernos
Noviembre de 1873 a febrero de 1876 Ignacio María González
Febrero de 1876 a abril de 1876 Consejo Secretarios de Estado
Abril de 1876 a octubre de 1876 Ulises Francisco Espaillat
Octubre de 1876 a noviembre de 1876 Junta Gubernativa
Noviembre de 1876 a diciembre de 1876 Marcos A. Cabral
Diciembre de 1876 a diciembre de 1876 Ignacio María González
Diciembre de 1876 a marzo de 1878 Buenaventura Báez
Marzo de 1878 a mayo de 1878 Ignacio María González
Mayo de 1878 a julio de 1878 Cesáreo Guillermo
Julio de 1878 a septiembre de 1878 Ignacio María González
Septiembre de 1878 a febrero de 1879 Gobiernos provisionales
Febrero de 1879 a octubre de 1879 Cesáreo Guillermo
Octubre de 1879 a septiembre de 1880 Gregorio Luperón.


Para entonces había cuatro tendencias políticas:
Las diferencias de los grupos no eran importantes, como lo demuestran
las alianzas y pactos que hacían para derrocar al contrario. Solo los azules
encabezaban un proyecto de modernización del Estado, pero sin contar con el
poder necesario para imponerlo.
El desorden político prevaleciente hasta 1879 mostraba la incapacidad de la clase
económicamente dominante para imponer un proyecto político estable y favorable
a sus intereses.
Los partidarios del caudillo Cesáreo
Guillermo, quien se pasó de los rojos
a los azules.
Los baecistas o rojos, dirigidos por
Buenaventura Báez.
Los verdes, que eran una separación
de los rojos y estaban dirigidos por
Ignacio María González.
Los azules, dirigidos por Gregorio
Luperón.

La sociedad capitalista se caracteriza por la existencia de un grupo de grandes
empresarios dueños del capital, o sea, del dinero, los medios de producción y las
mercancías, quienes emplean mano de obra asalariada que le produce ganancias
con las cuales amplían sus negocios (acumulación de capital) y se hacen más
ricos. A los dueños del capital se les llama burgueses y a la gente que trabaja para
ellos a cambio de un salario se les llama proletarios o proletarias.
Hasta finales de los años 70 del siglo xix, la sociedad dominicana era precapitalista,
pues la mayoría de los dueños de medios de producción no alcanzaban a ser
burgueses, sino pequeños burgueses. Ni siquiera existían los bancos. Los
burgueses eran unos cuantos y estaban vinculados al comercio exterior, y aunque
eran la clase con más poder económico no controlaban el poder político.
En la recolección de café y cacao los campesinos no sembraban a cambio de un
salario en dinero, como sucede en el capitalismo, sino que utilizaban las tierras de
los grandes propietarios durante varios años y se comprometían, como pago, a
devolvérselas a estos sembradas de cultivos permanentes. Ese sistema se llamaba
colonato y era un remanente de la sociedad feudal que existió en Europa antes
del capitalismo, algunos de cuyos rasgos llegaron a Dominicana a través de la
colonización española.
La recolección de café y cacao tampoco se hacía a cambio del pago de un salario
en dinero, sino que el trabajador y el dueño se repartían el total de los frutos
cosechados, a partir de un acuerdo previo. Con ese mecanismo, los propietarios
no tenían que conseguir dinero, como hacen hoy los burgueses industriales,
terratenientes o comerciales.
En el caso
del tabaco
se daba una
situación
parecida a
la del café y
el cacao, y
también era
producido
por muchos
campesinos
en sus
propias
tierras.

Los cambios a finales del siglo:
Desde finales de los años 70
comenzaron a desarrollarse
nuevos rubros de exportación,
sobre todo el azúcar, los
cuales eran producidos bajo
forma capitalista (empleando
trabajo asalariado) y se
vendían principalmente en el
mercado internacional.
Ese proceso se debió a que
en la economía internacional,
sobre todo en Europa y
Estados Unidos, se estaba
registrando una expansión
del capitalismo. Este sistema
económico había entrado en su fase
imperialista, caracterizada, entre otras
cosas, por la existencia de grandes
monopolios (empresas que dominaban
ramas enteras de la producción), por la
fusión de los capitales de los banqueros
y los industriales y por la expansión de
la inversión en el exterior.
Los países imperialistas necesitaban
materias primas de los países
dependientes, como los de América
Latina, África y Asia (salvo Japón,
que es un país imperialista), y hacer
inversiones en ellos, ya fuera montando
empresas o haciendo préstamos.
Era tanta la riqueza acumulada en
los países imperialistas, que se veían
empujados a luchar por la conquista de
territorios, donde controlar mercados y
materias primas.
Los países imperialistas, cuyas
anteriores inversiones en los países
dependientes se centraban en la
infraestructura y el transporte, sobre
todo ferrocarriles, iniciaron inversiones
directas en negocios vinculados a la
exportación, sobre todo de materias
primas para sus industrias en
expansión.



Debido a lo anterior, la producción capitalista que surgió en República Dominicana
a finales del siglo xix, o sea, en pleno arranque de la fase imperialista del
capitalismo mundial, no tenía como propósito desarrollar el mercado interior,
sino vincularse al mercado internacional. El fin era la exportación hacia los países
imperialistas. Además, era un capitalismo muy atrasado, con poco nivel de
industrialización.
Ese capitalismo, aunque desarrollaba las fuerzas productivas, o sea, los medios
de producción y la fuerza laboral, no eliminaba la producción precapitalista, que se
vendía en el mercado interno o se destinaba al autoconsumo.
Las relaciones capitalistas, o sea, el trabajo asalariado, solo existían en la
producción para exportar, básicamente, en la producción de azúcar, que comenzó
a cobrar un nuevo impulso. En el resto de la economía prevalecían relaciones
precapitalistas y de tipo feudal.
Sin embargo, la burguesía comercial se aprovechaba de la producción campesina
no capitalista, pues la compraba a bajo precio y la vendía a precio elevado en el
exterior.


La acumulación originaria de capitales:


Se le llama así al proceso
mediante el cual un grupo
de la sociedad acapara
riquezas y se convierte
en capitalista, o sea, en
dueño del primer capital,
ya sea tierras, materias
primas o dinero.
En Dominicana, el primer
mecanismo de acumulación
de capital se hizo a través de
los préstamos de los grandes
comerciantes al Gobierno,
quienes cobraban altos intereses y
obtenían ganancias hasta de 50%.
Con el dinero de la ganancia,
los comerciantes invirtieron
en la producción capitalista, al
crear ingenios azucareros donde
laboraban obreros asalariados,
fundaron otras haciendas y
compraron tierras a precios bajos.
Otro mecanismo, pero posterior,
fue el despojo
de tierras de
campesinos y
de terratenientes
atrasados, realizado
por los grandes
comerciantes y
los funcionarios
públicos con más
recursos.


El despojo de tierras se hizo por medio
del fraude, como la quema de archivos
donde se registraban las propiedades
de algunos terrenos comuneros, la
creación de títulos de propiedad falsos,
etc. También hubo despojo violento de
tierras de familias campesinas, a las
que se les amenazaba y se les obligaba
a vender a precios bajos.


Los beneficiarios del robo de
tierras fueron los mismos grandes
comerciantes, con capacidad para
sobornar a los notarios que daban
los títulos falsos y a los agrimensores,
quienes les hacían el trabajo sucio. Con
todas esas tierras acaparadas se crearon
grandes fincas de caña y ganado.

El control de la tierra también se hizo 
por medio de entregas que hizo el 
Estado, sobre todo de terrenos baldíos, 
sin propietarios.


El proceso de expropiación de tierras 
no implicó que todo el campesinado 
perdiera sus propiedades. Muchos 
campesinos mantenían sus conucos 
donde producían sus alimentos, lo cual 
era beneficioso para los terratenientes, 
pues así contaban con una mano de 
obra barata que podían utilizar.


La industria azucarera como núcleo 
del desarrollo capitalistas:


El sector exportador dominicano giró hacia relaciones capitalistas cuando apareció 
y se desarrolló la industria azucarera, que combinaba una agricultura avanzada y 
un procedimiento industrial con máquinas modernas.
La industria azucarera se convirtió en el sector principal de la economía: generaba 
la mayoría de las divisas que servían para importar, los mayores ingresos del 
Gobierno y la mayor parte de la mano de obra asalariada.
Para el año 1882 se habían fundado 30 ingenios azucareros modernos que 
empleaban a 5,000 obreros en la zafra. Entre 1880 y 1895 el empleo creció mucho, 
tanto de mano de obra extranjera (sobre todo proveniente de las Islas Vírgenes) 
como de campesinos que laboraban por temporadas atraídos por sueldos que 
para la época eran elevados.



La producción de azúcar
aumentó tanto que entre los años
1880 y 1890 las exportaciones se
triplicaron (ver cuadro 3).
Algunos ingenios los crearon cubanos que vinieron al país y fueron los iniciadores
de la actividad. Luego se sumaron otros empresarios extranjeros y empresarios
dominicanos, como los Vicini, Ricart, Ginebra, Cambiaso y otros, que también
tenían ingenios. Con los años, los capitales extranjeros (norteamericanos, ingleses
y otros) se adueñaron de los ingenios.
Al principio, los ingenios estaban en la periferia de Santo Domingo, pero luego el
grueso de la producción de azúcar se trasladó a San Pedro de Macorís, donde
siete ingenios producían el 67% de la producción nacional. Para los primeros años
del siglo xx, hasta 1925, San Pedro fue el principal centro económico del país.
 Cuadro No. 3
 Exportaciones de azúcar
 Años Quintales
 1881 114,235
 1889 397,204.


Otros negocios capitalistas:


El auge de la industria azucarera permitió el desarrollo de otros negocios
capitalistas.
Una compañía francesa de teléfono
instaló un cable submarino que
unió al país con el resto del mundo,
tanto por la vía de teléfonos como
de telégrafos. Se construyeron
y mejoraron los puertos, lo
que permitía ampliar la carga y
descarga y la conservación de las
mercancías.
En 1889 se creó el Banco Nacional,
con capital francés. Era el primero
del país. Y aunque quebró en
poco tiempo, a principios del siglo
xx surgieron otros bancos, sobre
todo, para hacerle préstamos a la
industria azucarera. La economía
se estaba dinamizando y eso
permitía ampliar las inversiones en
el agro e iniciar inversiones en industrias.
En la producción del café y del cacao se establecieron relaciones capitalistas. La
producción de tabaco, que antes la realizaban campesinos, pasó a hacerse, sobre
todo en Santiago, en negocios manufactureros, donde se ponía el producto listo
para el embarque. Igualmente se crearon empresas manufactureras de cigarros,
para vender en el país y en el exterior.


Tal como se ve en el cuadro 4, entre los años 1881 y 1893 crecieron mucho las
exportaciones de tabaco, cacao y café.
 Cuadro No. 4
 Exportaciones (en quintales)
 Años Tabaco Cacao Café
 1881 62,068 3,400 2,997
 1893 164,208 41,546 31,041
Al aumentar las exportaciones de azúcar y los demás rubros, se pudo disponer
de mayores monedas extranjeras para comprar en el exterior materias primas y
crear pequeñas industrias de licores, muebles, pieles y calzados, camisas y ropa
femenina, chocolates, pastas alimenticias, jabones y otras. Esas empresas usaban
también un poco de materia prima nacional.
El desarrollo capitalista
se expresaba en el
crecimiento numérico del
proletariado, pues había
5,000 obreros trabajando
en la construcción de
ferrocarriles, otros 5,000
en la industria azucarera
y otros miles en otras
industrias y en las
actividades agrícolas


Medidas del Estado a favor del desarrollo
capitalista:


El Estado contribuyó con la moderada expansión del capitalismo, mediante la
aplicación de algunas medidas. Veamos:
Disminuyó el impuesto a la
exportación de azúcar y en el año
1901 lo eliminó.
A los ingenios azucareros les
permitió importar maquinarias,
materias primas y otros medios de
producción sin pagar impuestos.
Le cedió a una compañía de Estados
Unidos llamada Clyde Line el control
absoluto de los barcos de vapor.
Le dio a empresarios el derecho
de manejar algunos negocios
suyos, sobre todo relacionados con
actividades agrícolas e industriales.


Esas medidas afectaban los ingresos del Gobierno y provocaron un aumento de
la deuda externa que terminó afectando las arcas del Estado, pues los préstamos
se tenían que pagar con elevados intereses. Durante un tiempo, el 50% de
los ingresos de aduana, que eran los más importantes, iban a manos de los
prestamistas extranjeros.
Es importante destacar que el desarrollo capitalista tenía limitaciones, pues
dependía de la venta en el exterior, sobre todo de azúcar, cuyos precios oscilaban.
Las relaciones de producción capitalistas se ampliaron, pero no eran mayoritarias.
Incluso las ciudades eran muy pequeñas y se dedicaban más a la actividad
comercial que a la producción. La inmensa mayoría de la población vivía en el
campo.


20 años de gobiernos
del Partido Azul:



En 1879 terminó el desorden caudillista, cuando Gregorio Luperón asumió el
control del Gobierno. A partir de ese año los azules gobernaron hasta el año
1887, cuando se nició la dictadura de Ulises Heureaux.
Los cambios introducidos por las nuevas relaciones capitalistas permitieron
superar lo peor de la crisis económica y generar un relativo progreso. El
repunte económico y el fracasado proyecto anexionista de Báez fortalecieron a
los azules, que contaron con el apoyo de la burguesía para buscar soluciones
en el marco del Estado dominicano, sin anexión a una potencia extranjera.
Los azules, dirigidos por Luperón, se ganaron el respaldo de los grupos
económicos dominantes, en la medida en que el proyecto burgués que venían
planteando se veía posible de realizar, pues ya se estaban sentando las bases
económicas del mismo alrededor del azúcar y de otros negocios, como vimos
antes.
La hegemonía de los azules a partir de entonces permitió estabilizar el poder y
frenar el caos anterior.


Los gobiernos de los azules aplicaron muchas medidas que facilitaron la entrada
de empresas extranjeras, la obtención de préstamos y la inversión de burgueses
nacionales, que, sin dejar de ser comerciantes, se convirtieron en industriales,
sobre todo en el negocio del azúcar.
Los azules venían luchando
desde años atrás por un proyecto
burgués nacional, en el marco de
un sistema político de democracia
representativa, o sea, electoral
y con libertades. Sin embargo,
como el capitalismo dominicano
surgió como respuesta a una
necesidad del capitalismo
internacional, que penetraba en
el país, las medidas económicas
tenían que favorecer al capital
externo, lo que hacía del país
muy depediente en términos
económicos y políticos. De
manera que el nacionalismo
de los azules terminó en un
proyecto de subordinación a la
burguesía extranjera, sobre todo
norteamericana.
No podía ser de otra manera, porque la
burguesía dominicana solo podía desarrollarse,
al principio, a partir del sector exportador,
o sea, con empresas que vendieran en el
mercado internacional, sobre todo en los
países imperialistas de Europa y en Estados
Unidos. O sea, que la misma necesidad de
desarrollo capitalista interno hacía del país,
automáticamente, dependiente de los capitales
del exterior.
Hasta los propios dirigentes azules se hicieron
comerciantes importadores y exportadores y
algunos se asociaron con la industria azucarera,
como ocurrió con el propio Luperón y con los
hermanos Lithgow.



La burguesía dominicana no podía sostenerse si no se subordinaba al imperialismo
norteamericano. Los azules tuvieron que pasar del nacionalismo político a
una nueva forma de entreguismo al imperialismo. Eso fue lo que sucedió,
principalmente durante la dictadura de Ulises Heureaux, mejor conocido como
Lilís, quien había sido el brazo militar de Luperón y quien gobernó cinco veces
entre 1882 y 1899, con un intervalo de otro gobierno azul entre 1884 y 1886.
Por otra parte, los azules, que habían luchado a favor de un sistema político de
democracia representativa, como la de los países capitalistas desarrollados,
terminaron imponiendo la dictadura sanguinaria de Lilís, quien desbancó a
Luperón.
Lo anterior se explica porque en el país no había sustento para un régimen de
democracia burguesa, pues la burguesía no era fuerte y el capitalismo apenas
se iniciaba. La burguesía dominicana desconfiaba de un esquema democrático y
optaba por un régimen de fuerza.
El dilema del país era si seguía en el caudillismo y la inestabilidad política o si se
imponía una dictadura que estabilizara, por la fuerza, el sistema de dominación.
Esto último fue lo que sucedió con la dictadura de Lilís, a partir de 1887, pero sobre
todo con su consolidación en 1889.
Ese esquema político, sin embargo, no podía tener continuidad en las condiciones
de la época, porque la propia debilidad de la burguesía permitía que grupos
políticos actuaran con autonomía con respecto al poder económico. Por eso, la
dictadura de los azules no le puso fin al caudillismo, a pesar de que lo controlaron
durante 20 años.


La dictadura de Ulises Heureaux:


Durante la dictadura de Lilís, iniciada en 1887, se ampliaron las medidas favorables
al capital extranjero. Veamos dos:
Supresión de impuestos
 a las importaciones de
 maquinarias y materias
 primas a las empresas
 industriales y
 agrícolas que se
 dedicaran a producir
 para exportar.
Supresión de los impuestos sobre los
beneficios de las mismas empresas.
Esas medidas favorecieron a la industria azucarera, que poco a poco fue pasando
a manos del capital norteamericano.
En esos años, el capital extranjero era mayoritariamente europeo y sobre todo
francés. Los norteamericanos tenían sus intereses en el azúcar y en la empresa de
vapores. Los franceses estaban metidos en el negocio de las comunicaciones y los
ferrocarriles y eran dueños del único banco que manejaba el dinero del Gobierno,
que, además, hacía préstamos y emitía la moneda nacional.


Los europeos estaban en el
negocio del azúcar, el cacao y el
comercio. Los franceses, belgas
e ingleses también le daban
préstamos al gobierno; y una
compañía holandesa controlaba
el pago de dichos préstamos, o
sea, controlaba las aduanas de
los puertos, de donde el Gobierno
obtenía la mayoría de los ingresos.
Como la industria azucarera
era la más importante, los
norteamericanos fueron ampliando
su presencia en el país. En 1892
firmaron un acuerdo comercial con
el Gobierno dominicano que les
permitía vender la mayor parte de
sus productos sin pagar impuestos
de importación. Eso permitió que
los productos norteamericanos
empezaran a desplazar a los
europeos.
Para fines de los años 90, Estados Unidos
vendía el 57% de los bienes que República
Dominicana importaba, y compraba el 61%
de los bienes que Dominicana exportaba.
En 1892, una compañía norteamericana,
la San Domingo Improvement Company
of New York, asumió la administración de
los préstamos europeos y hacía negocios
con el dinero que el gobierno pagaba por
dichos préstamos. Esa empresa controló
las aduanas de Santo Domingo y Puerto
Plata.
El poder que Estados Unidos había
adquirido a nivel mundial, y sobre todo en
la zona del Caribe, hizo que Lilís se plegara
a los intereses norteamericanos y actuara
contra el capital europeo, sobre todo el
francés.


Fue tal el servilismo
de Lilís con Estados
Unidos, que en el año
1893 agredió al Banco
Nacional, de capital
francés, al cual le puso
multas y le obligó a abrir
la bóveda para sacarle
dinero, acción que
contó con el respaldo
del Cónsul de Estados
Unidos.
El Gobierno de Francia respondió
enviando unidades navales que
amenazaron con bombardear
sobre Santo Domingo y
desembarcar tropas. Pero el
apoyo norteamericano a Lilís
era tan importante, que al final
la empresa de Estados Unidos,
Improvement Company, compró
el banco a precio bajísimo, pues
estaba casi quebrado debido a la
agresión de Lilís.
La dictadura de Lilís funcionó
combinando la represión (asesinatos,
encarcelamientos, etc.), un sistema
de espionaje bastante extendido (de
más de mil personas) y perdonando
y comprando a determinados
opositores.
El ejército se modernizó con la
creación de dos batallones profesionales, el mantenimiento de tropas permanentes
y los barcos de guerra que cuidaban las zonas y ciudades costeras, donde se
asentaba el poder político y también el económico.


Pese a que el aparato militar era muy
grande, se dieron varios movimientos
armados contra el régimen, como el
que dirigió Casimiro de Moya (rival
de Lilís en las elecciones de 1886), la
guerrilla en Jarabacoa durante los años
90, la incursión armada de exiliados en
Haití y la expedición dirigida por Juan
Isidro Jimenes, burgués comercial que
desembarcó con tropas en Monte Cristi.
Todos esos intentos por derrocar a Lilís
fracasaron.


A finales de los años 90, el régimen entró en crisis debido al descenso de la
actividad económica, que combinada con una enorme corrupción gubernamental
generó descontento en la población y en sectores de la clase dominante afectados
por las importaciones baratas de Estados Unidos y por algunas medidas del
régimen.
El endeudamiento de los primeros años de la dictadura afectó las finanzas del
Gobierno, que tenía que pagar altos intereses por los préstamos, una parte de
los cuales sirvieron para mantener la corrupción pública y los negocios sucios
de algunos empresarios extranjeros. Y como el Gobierno no controlaba las
aduanas, donde los ingresos los manejaba una compañía norteamericana que
desfalcó al país, Lilís volvió a emitir monedas para mantener el gasto del Estado y
principalmente del aparato militar.
El exceso de dinero provocó una devaluación de la moneda que afectó la
capacidad de compra de la gente. En un marco de deterioro económico y
descontento social, un régimen de mano dura es aún más odiado. Lilís tenía que
ser sacado del Gobierno por la fuerza.
Lilís
Pese a que el aparato militar era muy
grande, se dieron varios movimientos
armados contra el régimen, como el
que dirigió Casimiro de Moya (rival
de Lilís en las elecciones de 1886), la
guerrilla en Jarabacoa durante los años
90, la incursión armada de exiliados en
Haití y la expedición dirigida por Juan
Isidro Jimenes, burgués comercial que
desembarcó con tropas en Monte Cristi.
Todos esos intentos por derrocar a Lilís
fracasaron.
Ramón Cáceres
El 26 de julio de 1899, Ramón Cáceres,
burgués agrario a quien popularmente
le decían Mon, asesinó al dictador. En
la conjura también participaron Jacobo
de Lara, miembro de una familia de
comerciantes y terratenientes, y Horacio
Vásquez, primo de Mon y productor
agrario ligado a la casa comercial
Casimiro de Moya e Hijos.



El proceso político 1899-1905:


Tras la muerte de Lilís, resurgieron el
caudillismo militar y la inestablidad
política. La debilidad del Estado y de la
burguesía dominante abrió de nuevo los
espacios para la acción autónoma de
jefes políticos y militares que intentaban
llegar al gobierno para acumular
prestigio y dinero. De nuevo la alternativa
era desorden caudillista o dictadura
permanente.
Los partidarios de Lilís, dirigidos por
el vicepresidente Wenceslao Figuereo,
mantuvieron el poder por varios meses,
pero los grupos opositores del Cibao
avanzaron hacia la capital, derrocaron
a Figuereo y pusieron en el poder a
Horacio Vásquez, principal líder de la
conspiración contra Lilís.
Sin embargo, el jefe más conocido de la oposición a Lilís era Juan Isidro Jimenes,
quien se encontraba en el extranjero desde los días en que desembarcó con
tropas en Monte Cristi. Por eso, cuando se convocó a elecciones casi todos los
opositores a Lilís apoyaron a Juan Isidro, quien se presentó como candidato a la
presidencia acompañado de Horacio Vásquez a la vicepresidencia.
Juan Isidro Jimenes
Juan Isidro Jimenes fue
elegido presidente y durante
su gobierno intentó anular
el contrato del Estado
con la Improvement, la
empresa norteamericana
que controlaba las aduanas.
La empresa se opuso. Lo
mismo hicieron algunos
políticos, como Vásquez,
quien logró consolidar
un grupo alrededor de su
figura.


En abril de 1902, un movimiento insureccional derrocó a Jimenes e impuso
a Vásquez en el poder, quien apenas duró un año, pues fue derrocado tras
una sublevación de presos de la Fortaleza Ozama (de la capital), la mayoría
seguidores de Lilís, quienes se aliaron a los jimenistas para llevar al poder a
Alejandro Woss y Gil.
Horacio Vásquez
Carlos Morales Languasco
Los horacistas tenían poder en
todo el país y controlaban un grupo
político conocido como coludos,
que era la contraparte del grupo
jimenista llamado los bolos. Ambos
nombres proveían de los gallos de
pelea.
Los horacistas sitiaron la ciudad de
Santo Domingo, donde se libraron
fuertes combates y fue incendiado
el suburbio de San Carlos. Pero las
fuerzas del gobierno y de Jimenes
detuvieron la ofensiva y obligaron a
los horacistas a retirarse al Cibao y
luego a deponer las armas. Vásquez
y otros dirigentes coludos salieron
del país.
Al poco tiempo, los jimenistas
y horacistas se aliaron contra el
gobierno lilisista de Woss y Gil y en
noviembre de 1903 lo derrocaron en
la llamada guerra de “La Unión”.
Tras el fin de la guerra, el poder lo
tomó el jimenista Carlos Morales
Languasco, a finales de 1903. Pero
como este se alió a los horacistas,
entonces los jimenistas se levantaron
en armas en la llamada guerra de
“La Desunión”, que terminó con un
acuerdo mediante el cual Languasco
aceptaba la autonomía de los
jimenistas en la Línea Noroeste y en
otras zonas del país.Historia dominicana: desde los aborígenes... 190 Retorno al caudillismo y protectorado americano
Morales Languasco puso en manos
del Gobierno de Estados Unidos las
aduanas, tras la Convención de 1905.
Como el Congreso de Estados Unidos
no ratificó la medida de control aduanero,
este existía de hecho.


Poco a poco fueron surgiendo
contradicciones entre los horacistas y
Morales Languasco, quien pretendía
consolidar un poder propio. Cuando los
horacistas parecía que tomarían el poder
con el apoyo del Congreso, Languasco
se dio un autogolpe para desplazar
a los horacistas del Congreso. Pero
la maniobra fracasó y los horacistas
eligieron presidente a Mon Cáceres, a
principios de 1906.
Durante el gobierno de Mon se aprobó la Convención Domínico-americana del
año 1907, que legalizó el control de las aduanas dominicanas por el Gobierno
de Estados Unidos, el cual destinaba el 50% de la recaudación al pago de la
deuda externa dominicana, el 5% a gastos administrativos y el 45% al Gobierno
dominicano. La Convención le prohibía al Gobierno dominicano variar los aranceles
(impuestos de aduana) y contratar préstamos sin el consentimiento de Estados
Unidos. Se trataba de un protectorado, que dejaba al Estado dominicano casi
como una colonia.
El control de la principal
fuente de ingresos del
Gobierno le garantizaba
a Estados Unidos
dominar la economía
y el sistema político
nacional. En esos
años Estados Unidos
también avanzaba en el
control de los ingenios
azucareros, la más
importante rama de la
economía.


¿A qué se debía el desorden y la inestabilidad política? Al escaso desarrollo
capitalista del país, cuya consecuencia política era la incapacidad de la burguesía
naciente de imponer el orden.
El capitalismo avanzaba, pero no era sólido. Las relaciones precapitalistas eran
aún mayores, en términos cuantitativos, y permitían el florecimiento de caudillos
militares que operaban en zonas del territorio sin que la fuerza militar del Estado
pudiera controlarlos.
Los caudillos no se diferenciaban por ideas o proyectos políticos. Después de los
azules, que intentaban desarrollar el capitalismo dependiente, no había grupos
políticos con proyectos nacionales, aún en el marco de la propia dependencia. Las
llamadas revoluciones no eran más que alzamientos de militares y políticos con
seguidores que buscaban alguna forma de ascenso social a través del control del
Gobierno.
Para entonces,
Estados Unidos,
que avanzaba
como imperio y
tendía a desplazar
a Europa, no tenía
todos los cabos
atados como para
imponer el orden en
Dominicana, que no
era más que el orden
para resguardar sus
propios intereses.


El régimen de Mon Cáceres, 1906-1911:



El gobierno de Mon tuvo que enfrentar, desde el inicio, una rebelión de los
jimenistas, que fue aplastada de forma sangrienta, con masacres en Barahona y
Mao y la devastación de la Línea Noroeste, donde la orden del Ministro de Guerra
fue que se arrasara con todo y que no quedaran “vivos ni los lagartos”. Fueron
destruidos los conucos de los campesinos y casi todo el ganado para obligar a los
jimenistas a rendirse por hambre.
Cáceres impuso la paz a costa del asesinato de una gran cantidad de personas.
Durante su gobierno, que llegó hasta finales del año 1911, se aprobaron medidas
para favorecer la entrada de los capitales de Estados Unidos.
Para facilitar el
despojo de los
campesinos, Cáceres
obligó, mediante
ley, a la partición
de los terrenos
comuneros, muchos
de los cuales no eran
legalizados a favor
de los campesinos y
pasaban a manos de
los poderosos, entre
ellos los capitales
norteamericanos.

Cáceres realizó un programa de obras públicas en infraestructura, con la
construcción de tramos de carreteras y la ampliación de líneas de ferrocarriles,
con el fin de apoyar las actividades de exportación. El programa quedó inconcluso
porque el Gobierno no tenía suficientes fondos.
Para mantener su gobierno represivo, Cáceres modernizó el ejército, mediante la
creación de la Guardia Republicana y la Guardia Nacional.
Los horacistas se
opusieron al gobierno
de Cáceres, pues
habían sido relegados
del poder y no
compartían el exceso
de entreguismo del
presidente, sobre
todo la convención
de 1907. Vásquez se
integró a una junta
revolucionaria en el
exterior. A fines de
1911, un grupo variado
de descontentos
asesinó a Cáceres.


El proceso político 1912-1916


Tras la muerte de Cáceres, asumieron el poder los 
hermanos Eladio y Alfredo Victoria. El primero fue 
elegido presidente y el segundo era el jefe del ejército. 
Los Victoria intentaron continuar la línea del gobierno 
anterior, pero la oposición de los horacistas y jimenistas 
fue tan feroz, que el propio Gobierno norteamericano 
se vio obligado a debilitar a los Victoria, reteniéndoles 
los recursos de aduana.
El desenlace, a tres meses de la crisis, fue la 
instalación de un gobierno provisional dirigido por el 
obispo Alejando Adolfo Nouel, para que organizara 
elecciones. Sin embargo, el gobierno de Nouel se 
cayó en pocos meses ante el asedio de los jimenistas 
dirigidos por Desiderio Arias.
Tras la salida de Nouel, tomó la presidencia el horacista 
José Bordas Valdez, quien rompió con sus aliados y 
trató de imponer una dictadura militar que liquidara el 
caudillismo. La presión de la oposición y de Estados 
Unidos obligó a Bordas a hacer elecciones. Bordas 
hizo fraude y a principios de 1914 los horacistas y 
jimenistas se insurreccionaron y tumbaron el gobierno.
Se instaló un gobierno provisional dirigido por Ramón 
Báez, quien en tres meses realizó elecciones que 
fueron ganadas por Juan Isidro Jimenes, quien se alió 
a Federico Velásquez, dirigente de un grupo 
que había roto con Vásquez desde los años del 
gobierno de Mon y que representaba la tercera 
fuerza política del país. El gobierno de Jimenes 
duró cerca de año y medio.
Jimenes había rechazado las presiones 
norteamericanas y, al mismo tiempo, entró 
en contradicción con el ministro de Guerra, 
Desiderio Arias, quien contó con el apoyo del 
Senado para intentar sacar a Jimenes del poder. 
Arias contaba con el poder militar y controlaba la 
ciudad de Santo Domingo.